Un pájaro llamado Libertad

Publicado por Carlos Mejías el 21 de Febrero de 2012

Es increíble. El Sol me da en la cara, parado en este banco, no pensaba ni por asomo lo que me deparaba el destino. Me he sentado en este banco huyendo de mis obligaciones, y ya de paso, calentarme cual reptil en pared de piedra. Es increíble. El pajarito se ha puesto ahí, a mi lado, y piando ha ido buscando los rastros de comida que cualquier desconocido haya perdido. No era mi intención pero me he fijado en el pajarillo. Es viejo y ha perdido con los años la belleza y el brillo del plumaje. Está cojo y no puede volar. Y sin embargo, pía, feliz y contento, agradecido de estar vivo. Me hace reflexionar. Me calienta el coco. Enciende la chispa de esta cabeza mía que tampoco necesita mucho para volverse loca. Ideas de fama y valor. ¿Pero qué son realmente estos conceptos?

Los famosos de mi época me repugnan, si es que esta palabra puede definir completamente el desprecio que siento por esa chusma. Unos don nadie sinvergüenzas que se aprovechan de la incultura de mi pueblo. Un pueblo que lleva mucho tiempo adormecido, dejándose avasallar, olvidando quien es. Dejándose manejar como una marioneta, como un títere de trapo en esta sociedad circense. Pero es mi pueblo el que se merece la fama. Hombres y mujeres que luchan cada día para sacar a sus familias adelante. Siento pena y rabia.

Hablando de fama, toca también hablar de héroes. Pero no los héroes de mierda que vanagloriamos ahora. Deportistas millonarios o cantantes en playback. Basura. Héroes de los buenos. Esos que escribieron el Quijote, la novena sinfonía o descubrieron la penicilina. Héroes sin espada, pero con más poder si cabe. Genios. ¿Conoce usted a los genios de su tiempo? Yo tampoco. Preocupémonos. Despertemos. Vivimos en la era de la información, la tenemos al alcance de la mano. Utilicémosla. Es lo único que tenemos. Nuestra única arma. Y cuando nos lo quiten todo, es con lo único con lo que podremos defendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean. La Cultura. No dejéis que nadie os la arrebate. Por favor, luchad por ella. No hacedlo por vosotros, ni siquiera lo hagáis por aquellos a los que queréis y mucho menos hacedlo porque yo os lo haya dicho, hacedlo por ese pobre pajarillo cojo, para que vuelva a alzar el vuelo.