Sólo era un cuento

A E.P. ,a N.S. y a todos aquellos que tiran desde arriba cuando estoy en el fondo.

Publicado por Carlos Mejías el 1 de Octubre de 2012

La pequeña niñita entró en el salón donde el muchacho veía la tele tranquilamente. Enfundada en su pijama rosa, con los calcetines de lana por encima de los pantalones y sujetando a su peluche fue cuidadosamente hasta el sofá, intentando no hacer mucho ruido.

-Oye primito –dijo suavemente-. No puedo dormir. ¿Me podrías contar un cuento?

-Anda enana, ya eres muy mayor para cuentos ,¿no te parece? –respondió en tono burlón-,pero vamos a tu cuarto que te cuento el último, ¿va? –rectificó al notar las primeras muecas de llanto en la cara de su prima. La niña salió disparada a través del pasillo y de un brinco se metió en la cama, esperando allí a su primo, que llegó un momento después, con un montón de libros en las manos.

-A ver, a ver, renacuaja, ¿qué cuento te apetece hoy? ¿La Bella y la Bestia? ¿Aladdin?

-No, no. Esos ya los he escuchado muchas veces. Quiero que te inventes un nuevo cuento para mí.

-¿Un nuevo cuento? ¡Tú estás loca, medio metro! No tengo yo otra cosa que hacer que ponerme a inventar historietas.

-Venga primo, porfa porfa –suplicó la niña-. O les digo a mis papis que no eres un buen canguro.

-Qué lista eres jodía –dijo el muchacho mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro-. Supongo que te vendrá de familia. Te lo cuento con la condición de que no me interrumpas en ningún momento, las preguntas y quejas al final, pequeñita. Déjame que piense. A ver…

…erase una vez en el lejano Oriente, la más bella princesa que puedas imaginar. Y no conforme con eso, la hermosa doncella también era muy inteligente y nadie la podía engañar. Además, era muy feliz porque tenía un príncipe que la quería mucho y que siempre cuidaba de ella. Sin embargo, la tristeza llegó a la vida de la muchacha. Su príncipe tuvo que ir a la guerra a un país muy lejano y la dejó sola. Ella lloraba todos los días pensando en él, pero pensaba que cuando regresara, volverían a ser felices. Pero cuando su amado volvió, ya nada fue igual. Las maldades de la guerra habían cambiado al príncipe, que abandonó a la princesa sin darle ninguna explicación. Fueron tiempos muy duros y difíciles para ella, que tuvo que afrontar vivir en el mismo reino en el que una vez convivieron juntos los dos. Pero consiguió sobreponerse, porque aunque ella no lo creía tenía un espíritu fuerte. Pasó el tiempo y la princesa tuvo conocimiento de que en un condado de su reino vivía un monstruo muy raro. La princesa, que era muy valiente y atrevida, decidió ir a conocer a dicho monstruo y así distraerse de todas las preocupaciones que tenía. Cuando la doncella encontró al extraño ser, este era huraño e introvertido y no se atrevía a ser amigo de la princesa por miedo a que esta le hiciera daño. Al fin y al cabo, él sería un monstruo, pero tenía sentimientos. Pasaron los meses y la confianza entre dos seres tan distintos fue creciendo rápidamente. El monstruo se sentía como la gota de lluvia en el cristal que va bajando despacio y de repente se une a otra y parece que continuar el camino es mucho más fácil. Incluso llegó a sentirse como un príncipe, aunque siguiera siendo un monstruo. Pero como la vida es caprichosa, un día la princesa también se tuvo que ausentar de su reino y partir hacia otras tierras. Prometió al monstruo que nada cambiaría, que su amistad era más fuerte que la distancia y que eso nada podría cambiarlo. El espeluznante ser, esperó, confiado…

El muchacho bajó el tono de voz, miró hacia un lado, intentando ocultar su rostro y se refregó los ojos, intentando frenar sus lágrimas.

-Primito, primito, ¿por qué lloras? ¿Le pasó algo malo a la princesa?

-No, primita, la princesa volvió a su reino y aunque había olvidado a su amigo el monstruo, volvió a ser feliz.

-¿Entonces por qué lloras? La historia tiene un bonito final, la princesa consiguió ser feliz.

-Lloro porque el monstruo nunca pudo despedirse de la princesa y decirle que a él le bastaba que ella fuera feliz para serlo él también.

- Primito…

-Anda enana, duérmete, al fin y al cabo esta historia era sólo un cuento. Buenas noches mi princesita.

El muchacho arropó a la niña, apagó la luz y se acercó a la puerta de la habitación.

-Total,era sólo un cuento-murmuró mientras la cerraba-.Era sólo un cuento…