Quédate con eso

A vosotros dos. Demostrad fortaleza en momentos de debilidad. Sed eternos.

Publicado por Carlos Mejías el 17 de Marzo de 2012

Llega por sorpresa, te invade, y quieras o no, aunque luches por hacerle frente, te va a conquistar. De hecho cuanta más resistencia opongas tú, más va a pelear él. No lo dudes, es la sensación más bonita y placentera del mundo; jódete, estamos diseñados genéticamente para ello. Y por ser en su principio el mejor de los sentimientos, posiblemente el que más felicidad nos da, cuanto se acaba, duele. Y eso tampoco lo dudes, se acaba. No es eterno, es efímero. El amor eterno es un cuento, una leyenda urbana, un rumor, una mentira. No es posible querer a alguien con la misma pasión durante toda la vida. El amor es como la llama de una vela, puedes dedicar todos tus esfuerzos en mantenerla encendida pero cualquier brisa puede apagarla y cualquier mínima chispa puede volverla a encender. Por extraño que parezca, soy un romántico que no cree en el amor. No creo en esa locura, en esa obsesión del comienzo. El verdadero amor es ese que queda cuando el amor termina. Imagina esa pareja de ancianos que llevan juntos toda la vida, que han compartido toda la vida juntos, muchas alegrías y demasiadas penas. Se han apoyado mutuamente siempre. Son como dos compañeros inseparables de viaje y no pueden vivir el uno sin el otro, pero dudo mucho que se amen. Total, no es necesario. Porque no son realmente dos personas, son un alma en dos cuerpos. Pueden entenderse simplemente con mirarse a los ojos. Se lo dicen todo con una mirada. Y realmente no se aman, no sienten ese extraño cosquilleo adolescente cuando se ven, porque la presencia del otro está asumida como una constante, una realidad inmutable. Y les basta. Es esta especie de amistad vital, eterna, la única que existe. Con la que de verdad uno puede encontrar la felicidad. Y aún así, hay gente que se conforma con el amor.