No llores por mí

Publicado por Carlos Mejías el 7 de Enero de 2020

Ahora que mi sangre se evapora y cuervos negros han hecho su nido donde antes habitaban mis suspiros. Ahora que el aire corre libre por mis huesos y mi sonrisa es constante y eterna. Ahora que mi piel fecunda nuevas primaveras y se escapa mi alma de esta prisión corpórea. Ahora, y sólo ahora.

Ya casi están libres mis entrañas de pecado y sólo queda cierta envidia a aquellos que siguen vivos. Ya no tocan mis manos. Y si tocan, no sienten. Ya ni oigo, ni huelo, ni veo, ni aprecio el sabor de este mundo que me rodea. Ya se me ha escapado el mundo. Lo que antes todo era, ya nada es. Silencio, oscuridad, vacío.

Quiero dejar mi frágil herencia. Unos cuantos libros, unos versos tristes y algunos cuentos con moraleja. A aquellos que me odiaron, les lego mis libros, para que entiendan cómo me convertí en el hombre que odiaban; a aquellos que me amaron, les regalo mis versos, para que comprendan por qué no supe quererlos como lo merecían; a aquellos a quien amé, les ofrezco mis pequeñas historias, al fin y al cabo, siempre fui un corazón y un puñado de palabras.

Ahora, y sólo ahora. Mientras aún permanezco en algún recuerdo. Mientras me uno poco a poco a la tierra baldía. Mientras aún queda un átomo que puedo definir como mío. Ahora, y sólo ahora.

Mírame.