Mi Semana Santa

Un año después, las mismas palabras, el mismo sentimiento.

Publicado por Carlos Mejías el 31 de Marzo de 2012

Otro año más. Otro año más, luchando, sufriendo, andando. Un largo año de espera, y de recompensa, un solo día. Un solo día más para demostrarlo. Demostrar todo en lo que creo y por lo que me sigo levantando cada día. Para mejorar, si, para ser cada día un poco mejor. Pero no, no esperéis que busque un crecimiento empresarial, académico, económico o de algún tipo parecido, lo que yo busco es otra cosa. Yo quiero ser mejor persona. Y si, yo tengo un guía, un prototipo, un ejemplo a seguir. Yo creo en Dios, por mucho que en los tiempos que corren, os cueste creerlo. Más que creer, quiero creer en Él, pues no concibo un mundo sin su presencia. Y no, Él no es un hombre viejo, con barba blanca y túnica que nos espera sentado en el cielo en un trono majestuoso; tampoco soy tan ingenuo como puedo parecer a primera vista. También sospecho que no creo el universo en 6 días (con un soleado Domingo de descanso), ni en 10, ni en 500, ni en 8000 millones de años. Incluso me atrevería a afirmar que, aunque un judío llamado Jesús predicara el mejor mensaje de amor y perdón de la historia universal, la Biblia no deja de ser un best-seller. Sin embargo, yo creo.

Porque si, porque me resisto a pensar que las personas a las que quiero sean solo un conjunto bien ordenado de átomos y, lo que siento por ellas, simples conexiones neuronales. Porque me resisto a pensar que alguien, que da la vida por sus amigos, sea un simple loco, y si así fuera, creo que ha llegado el momento de abandonar la cordura. Siento extrañeza cuando la gente me mira raro por llevar la cruz cristiana sobre el pecho. Y es cierto, que la Iglesia, mintiendo en nombre de un Dios al que realidad no veneraba, ha cometido atrocidades, pero no es eso en lo que yo creo. Yo soy seguidor de una filosofía de vida, de creer en el más acá, no en el más allá. De dar la vida por los demás, no de arrebatarla. De intentar vivir en paz, pues más allá de creencias, todos somos hijos del mismo padre, da igual si creemos en Jesús o en Darwin.

Por esto, otro año más, me vestiré con mi hábito nazareno y saldré a la calle. Por eso, otro año más, iremos mi fe, mi soledad y yo, por las calles de Sevilla, rezando para que al fin la humanidad comprenda que mientras Dios siga siendo Amor y Paz, todos deberíamos creer un poco en Él.