Feliz Navidad

Publicado por Carlos Mejías el 24 de Diciembre de 2011

24 de Diciembre. El astro rey se oculta tras el horizonte en la ciudad de Jerusalén. Una madre observa el corretear intranquilo de su niño por los pasillos de su casa. Es su hijo un chiquillo moreno, de profundos ojos negros, con una eterna sonrisa en la cara. Judío. El niño se agarra a las faldas de su madre. Le suplica, le implora un ratillo más de juego con sus amigos, le promete que será bueno, que no tardará mucho, que volverá pronto. Ella lo mira, sonríe, sucumbe y cede. Él ríe, volando va a por su nueva pelota, su tan deseado regalo de cumpleaños y corriendo sale fuera de la casa. Y ya jamás volverá, su madre no podrá olvidar el sonido. El disparo, la bala perdida de esa guerra eterna que nunca acaba, los gritos y llantos de los vecinos y amigos, la multitud embravecida que ondea banderas y lleva a cuestas la pequeña caja de madera, pidiendo venganza. Ella no quiere venganza, ella sólo quiere que vuelva su niño. Ella sólo pide que le devuelvan a su niño.

Ese mismo día, unas cuantas horas antes, clarea el día en la inmensa estepa africana. La escuálida muchacha se acerca al pozo. Despacio, sin prisas, consciente de la importancia de su tarea. Se toma su tiempo en pasar el agua del cubo al jarrón que ha llevado durante dos horas encima de su cabeza y que tendrá que llevar también de vuelta. Piensa en sus hermanos pequeños, que esperan anhelantes ese sorbo de vida que les quite ese sabor a polvo,arena y muerte de la boca. Se dispone a volver. Anda,anda y anda y sigue andando. Le faltan las fuerzas, le flaquean las piernas, intenta aguantar y cae. Se desolla las rodillas. Llora y no por ella. Sabe que les ha fallado, que por su fallo, ninguno podrá beber, los ha condenado a morir. Por ellos, llora.

Cena de Nochebuena cualquiera de una familia cualquiera en un país cualquiera del Primer Mundo. La televisión vomita una tras otra noticias de gordos disfrazados de rojo que dan regalos a los niños buenos. La familia entera se ha reunido tras meses sin verse, la alegría es inmensa y comprensible. Se besan, abrazan, se vuelven a dar besos, se cuentan anécdotas e historias irrelevantes, se cantan villancicos, se bebe y se come sin mesura, como si no hubiera un mañana. De repente, un breve paréntesis en el feliz y ñoño telediario cuenta las malas noticias de todos los días. Guerras,hambrunas,enfermedades. Pero se hacen oídos sordos y se sigue con la fiesta. Qué bonito todo, qué alegría. Qué hipocresía, qué falsedad. Qué Feliz Navidad.