Ella

Publicado por Carlos Mejías el 12 de Diciembre de 2011

La quise. Y creí que nunca dejaría de quererla. Y fue ella mi todo. Y acaricié con las yemas de mis dedos cada curva de su cuerpo. Y besé cada rincón dulcemente y sin complejos. En sueños. Pasé las horas muertas admirando su recuerdo. Tanto la quise. La amé entera y por completo, pues amé todas sus virtudes y, más aún si cabe, cada uno de sus defectos. Y cada día la tuve tan cerca, pero la sentía tan lejos. En cada lágrima que sus ojos derramaron, fui el hombro compañero. En cada error que cometía, fui el abrazo sincero. Y oía su voz en cada brisa del viento. Y su rostro se reflejaba en cada espejo. Recé a cada deidad divina por sus suspiros, aquellos que eran tan bellos. Era para mi, la Venus que pintara Botticelli,en la gran concha marina,con pincel de terciopelo. Y aún no siendo la más bella, y yo sabiéndolo, es verdad que con su risa podía parar el tiempo. Y maldije celoso a todo aquel que provocara en ella una sonrisa, creyéndolo poseedor de algún secreto. La quise. Pero oculte en el más oscuro cajón del deseo aquello que sentía. Pues recelos temerosos nos hacen esconder constantemente los mejores sentimientos. Mas no se puede sufrir eternamente y conviertese en el más largo de los caminos, de los pasos el más pequeño. Y se rompe el compás de los latidos y en las más tenebrosa caverna hiberna la pena. Y encubierta en tristeza, espera noticias nuevas. No luché por olvidar, solo recorrí el camino, junto con mi amigo el tiempo. Y la quise, y es verdad que yo la quise, pero ya no la quiero.