El árbol onírico de la colina verde

37°24'41.7"N 6°02'29.9"W

Publicado por Carlos Mejías el 2 de Junio de 2016

Sueño que soy un niño y que busco tesoros detrás del árbol de la colina verde. Mi madre me está hablando de sanas coliflores y aburridos deberes mientras yo cabalgo a lomos de mi caballo pardo allá en lo alto de la colina verde. Allí tengo un castillo de altos torreones al cual rodea un foso, profundo y peligroso, lleno de lava hirviendo. Arriba en mis dominios, en la colina verde, no tengo miedo a nada, ni a zombis ni a dragones. Nada puedo temer allí alto en mis sueños, detrás del verde árbol de la colina verde. Quizás lo alcance un rayo de noche en la tormenta y no pueda mirarlo temprano en la mañana. Quizás lo talen pronto los hombres con sus hachas, quizás serán sus hojas las hojas de un cuaderno. O puede que algún día decida al fin morirse el árbol centenario, cansado y abatido de ver pasar las horas. Que piense que a los hombres nunca los cambia nada, que a la maldad humana sea mejor rendirse. Espero que ese árbol en la colina verde sea fuerte como un roble y a todas estas penas él sepa rebelarse. Que encuentre en el amor de algunos seres libres la pizca de esperanza que siempre lo haga erguirse.

Hay una carretera de Camas a Sevilla; en el sentido inverso, del parque a la colina. La carretera es larga sin una sola curva y un solo horizonte que siempre te deslumbra. El árbol solitario en la colina verde se encuentra vigilante allí arriba en la cumbre. A veces le da sol y a veces es la luna, a veces es el viento y a veces es la lluvia. Siempre que yo recorro el camino infinito, lo veo allí plantado y siento que me ayuda. Que es como un padre afable o una madre tierna; en realidad da igual el género que tenga.

Vuelvo al mundo real y olvido, de repente, mis sueños infantiles. Admiro allí en la cima de la colina verde el árbol anhelado al que nunca he subido. Contemplo fascinado sus gruesas ramas recias que llegan hasta el cielo haciéndole cosquillas. Que todas esas flores de cuantiosos colores que proyecto en su lecho sean una realidad y no sólo fantasía.

Que es miedo, y sólo el miedo, quien me mantiene lejos. El miedo a que mi árbol sea sólo utopía. Que siempre habrá optimismo si siempre está perfecto, que siempre habrá ilusión si yo lo veo recto. Que el día que me muera, me entierren a su sombra. Que el día que me muera, me lleven a su lado. Que si lo fue en la vida, lo sea también en la muerte, estar soñando por siempre en la colina verde.