Dos palabras

"Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada."

Publicado por Carlos Mejías el 16 de Junio de 2013

Hay palabras prohibidas. Palabras prohibidas por ley. Por nuestra ley. Esa ley interior que cada uno de nosotros ha ido forjando a lo largo de los años. Una ley única y personal dictada por la experiencia. Por las malas experiencias y los recuerdos. Una serie de reglas y normas que nos dicen que hay ciertas cosas que no podemos decir porque pueden hacer daño a los demás, pero sobretodo porque nos pueden hacer daño a nosotros. Y por miedo, por no caer en antiguos errores, por no sufrir, hay palabras prohibidas. Las palabras de los sentimientos.

Hay también una errónea idea inculcada en la mayoría de la gente. El pensar que las cosas sólo se pueden decir diciéndolas. Que sólo las palabras expulsadas por la boca hablan. Y que equivocados están. Hay millones de formas mejores de expresarse. Hay silencios con explicaciones más detalladas que el mejor de los discursos. Y miradas que en un segundo logran lo que jamás conseguirán años de conversación. Y por eso aunque haya palabras prohibidas o frases innombrables, la verdad es que no me importa.

Podría decirte esas dos palabras que tanto temo. La verdad es que podría. O podría seguir saltándome las clases por ir a verte o llevarme horas pendiente del móvil por si necesitas algo o por si simplemente te apetece hablar. O podría mentirles a todos las veces que fuera necesario por estar un rato contigo, para ver tu cara mientras te duermes, dormida y justo al despertarte. O podría recorrer la distancia que a veces nos separa para olvidarnos del mundo en una playa solitaria. Y eso podría hacerlo mil veces. Tú y yo solos, sin pensar en el tiempo. Ese tiempo que se para cuando sonríes y que se hace eterno si alguna vez te pones seria. O hacer mil tonterías para que eso nunca ocurra o hablar de filosofía si es necesario. Nunca aburrirnos. O comer con ansia, por pura gula o comernos durante todo el día, toda la noche, 25 horas al día. Esperar que bajes de tu casa y no querer que vuelvas a subir y que desaparezcas tras la puerta de tu portal. O llevarte, en contra de toda lógica, a una estación que te va a llevar lejos de mí y escuchar nuestras canciones favoritas por el camino. Y es que hay tantas cosas que podría hacer. Incluso podría decirte a la cara esas dos palabras, escribírtelas o susurrártelas al oído para que sólo tú las escuches. Pero hay tantas formas de decir las cosas que para que decirlo… Si ya lo sabes.