Desenlace,nudo e introducción

Publicado por Carlos Mejías el 13 de Noviembre de 2012

Una vez que la tuvo acorralada al fondo del callejón, sonrió. Allí sólo estaban ellos dos y nadie podría oírla. Se entretuvo unos segundos en observarla. Había dejado caer su mochila y su carpeta al suelo y esta última se había abierto, de tal manera que el fuerte viento de aquella noche se llevaba volando alguno de los folios de apuntes. La precipitada carrera de huida la había dejado exhausta y su pecho subía y bajaba arrítmicamente, intentando llenar los pulmones de todo el oxígeno que pudiera. El vaho salía de su boca y desaparecía en la oscuridad. Sujetó con fuerza la navaja y se acercó a ella. La muchacha se dejó caer poco a poco, resbalando por la pared, hasta quedar sentada en el suelo abrazando sus propias rodillas. Se abalanzó sobre ella con todo el peso de su cuerpo, aplastándola debajo de si, impidiendo cualquier movimiento. Ella se movía con todas sus fuerzas, intentando escapar de las garras de aquel hombre. Puso el filo del cuchillo en su delicado cuello y buscó su boca, pero no pudo besarla. Era el colmo, eso era mucho más de lo que su orgullo podía resistir.

Esperó solo en la parada la llegada del primer autobús de la mañana mientras que jugueteaba con la navaja que llevaba guardada en el bolsillo del pantalón. No llevaba la cartera encima, tan solo unas cuantas monedas sueltas que esperaba que le llegaran para pagar el viaje. Aguantó varios minutos más hasta que se hartó y decidió ir andando. Además así podría ir pensando por el camino. La amaba, hacía meses que soñaba con ella todos los días. Incluso la había visto mirarlo muchas veces cuando él la miraba. Notaba algo. El trayecto hasta La Institución se le hizo corto. Entró por la puerta trasera, utilizando las llaves que le había robado esa mañana al guardia. Había sido de gran utilidad ganarse su confianza durante esos meses. Imbécil. Atravesó el patio esquivando las cámaras de seguridad y entró en el edificio principal. El enorme complejo gubernamental le devolvía la mirada. Un enorme pasillo de altos techos y suelos de mármol, repleto de celdas a ambos lados, se presentaba ante él. Lo recorrió sigilosamente, buscando su objetivo.

Entró sin hacer ruido en aquella habitación. Estaba vacía. Cerró la puerta y corrió el pestillo. No quería que lo molestaran. Se sentó con todo el peso de su cuerpo en el sillón que había detrás del enorme escritorio de caoba. Cogió el periódico que el conserje habría dejado unos instantes antes sobre la mesa y lo hojeó. Deportes, economía, noticias varias. Hasta que lo encontró. Estudiante universitaria, violada y asesinada durante la madrugada anterior. La policía busca el rastro del agresor. Cualquier información será investigada. De momento, no hay pistas, a falta de comprobar las pruebas enviadas al laboratorio. Suspiró aliviado. Se levantó y dio una vuelta por el despacho. Cogió un marco de fotos y una placa de lo alto de una estantería. Observó la foto. Y se vio así mismo rodeado de su mujer y sus dos hijos. Leyó la placa metálica. Hospital Psiquiátrico San Luis. Director General.