Allí arriba en el cielo

A C.R.

Publicado por Carlos Mejías el 28 de Octubre de 2012

Sonríe. La vida es corta, frágil, dura e injusta. La vida es cruel y no se para a pensar a quien reparte los males. Los reparte y punto. La vida, esta odiosa vida nuestra, se lleva de un plumazo la vida inocente de un niño y deja al mismo tiempo, en la vida, en la conciencia de un hombre, la más profunda de las penas y de las depresiones. La de haber quitado esa vida. Pero sonríe. Eso sí, tras haber llorado antes. Tras haber gritado de odio, de pena y de desesperación. Tras haber sentido en tu corazón, al menos una pizca del dolor que puede sentir una madre que pierde a su hijo. Llora, y que al menos tus lágrimas sirvan de pequeño homenaje. Y ve corriendo a abrazar a los tuyos. Y no tengas miedo de decirle a nadie que lo necesitas, que lo quieres o que lo echas de menos. Da gracias todos los días por estar vivo, por cada una de las cosas que tienes, incluso por las que no tienes, por cada pequeño instante que estás con los tuyos. Y sonríe, y que todas tus sonrisas sirvan de pequeño homenaje. Y no olvides jamás este día, ni este momento, ni este sentimiento de agradecimiento por tu vida. Llora y sonríe. Vive. Y que, al menos, tu vida sirva siempre de pequeño homenaje.